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lunes, febrero 06, 2012

Hace muchos años, vivía en los suburbios del DF, la vida era muy diferente. En la cocina de la casa, entre el refrigerador y la puerta, estaba la canastilla con los envases de refresco. No recuerdo quien digo que ese era su lugar pero ahí estaba siempre, contenía envases de vidrio tamaño “familiar” de refresco de cola. Cuando mi padre antojaba un refresco las tardes del sábado me daba dinero para ir a la tienda de la esquina (no habia Oxxo por todos lados) para comprarlos, quizá alguna vez lo hice en bicicleta pero no era muy recomendable pues como ya dije eran de vidrio y si caían podría suceder un accidente. En casa otros amigos tenían la reja de 24 piezas ubicada en el patio de servicio, cada hogar encontraba un lugar para colocarlo según sus necesidades. En mi caso, la canastilla, tenia el tamaño adecuado para estar en ese lugar de la cocina y ahí permanecían los refrescos para ser utilizados, seis envases era la cantidad necesaria para nuestra familia; cuento esta anécdota para ejemplificar lo que era una costumbre en casa, algo cotidiano que todos hacíamos sin mayor problema, pues al terminarse el líquido, colocábamos el envase de vuelta en su lugar.

Hace unos días recibí un tweet acerca de reciclar la basura, algo en lo que creo firmemente pues debemos comenzar con acciones que nos ayuden a controlar este problema, les cuento otra anecdota.

En 2006 tuve la oportunidad de visitar Munich, Alemania; una ciudad muy bella que me dio muchos ejemplos de orden y conciencia cívica basada en buenas costumbres. En todas las casas hay botes de basura con separadores marcados, es decir, el cesto tiene 3 divisiones donde se colocan bolsas de diferentes colores, donde clasifican la basura, me parece que uno era plástico y no degradables, otro biológico y el tercero, papeles y cartones; en la planta baja del edificio había 3 grandes contenedores con la misma clasificación donde determinados días de la semana había que colocar las bolsas y si uno llegaba a encontrarlo lleno regresaba su basura a su apartamento para no sobrellenarlo. Para un extranjero esto era muy curioso y en momentos complicado, pues cada vez que me encontraba un bote de basura dudaba en cual era el cesto de la basura al que iba a arrojar, pero cuando iba por la calle observaba como todas personas: niños jóvenes y adultos, lo hacían de manera automática. Era muy sencillo, ellos lo habían hecho toda la vida; desde pequeños los niños ven como sus padres y maestros separan la basura, se vuelve algo tan común y cotidiano como hacerle la parada a un autobús.