Impartí clases durante varios años y fui estricto en muchas ocasiones.
Desde hace varios años todos hemos puesto como epicentro de nuestras labores a la computadora; sin importar que actividad desempeñemos nuestro mundo depende esa máquina.
Siempre que trabajamos con una máquina sabemos que ella sigue instrucciones que le damos y así responde ella, ya sea una podadora de pasto o una cafetera; uno solo debe seguir las indicaciones del fabricante y espera que el resto lo realice el artefacto; pero la maquina tiene un defecto, a veces, sin dar explicación deja de funcionar. Lo mismo sucede con la computadora.
Obviamente ningún fabricante incluye en la caja del producto una leyenda que diga: “este producto puede fallar cualquier día a cualquier hora”; pues todos hablan de las bondades y avances y nadie comenta las trágicas historias que ha girado alrededor de la máquina.


