Generalmente cuando llegan las fechas decembrinas uno camina por la calles y observa las decoraciones en las casas, como siempre imitamos a los vecinos del norte que llenan sus casas de adornos con luces de colores. Desde que llegue a Cancún, cada diciembre, había visto casas con focos de colores alrededor de las ventanas y los balcones, algunas otras con figuras de gran tamaño de Santa Claus y los Reyes Magos; inclusive creo que en una ocasión hubo un concurso organizado por el Ayuntamiento donde buscaban la casa mejor decorada.
Recuerdo un año que mi hermana luchó por colocar el árbol de navidad en el cuarto de la TV cuya ventana daba hacia la calle, por que decía que donde lo colocábamos, entre la sala y el comedor, no lo veía nadie más que nosotros. Ella siempre decoraba el árbol; en una ocasión opto por colocar palomitas de maíz atravesadas por un hilo sobre el árbol, varios días después hubo que fumigarlo ya que las hormigas habían descubierto este festín navideño; recuerdo también que siempre quería un abeto natural, por lo que mi padre en una ocasión compro uno en el mercado de San Bartolo y como estaba muy “raquítico” recolectamos varias ramas y se las añadimos para que fuera mas robusto.
Sin embargo hoy me dedique a revisar la casa de los alrededores y en muy pocas encontré adornos navideños, le pregunté a varios amigos su opinión acerca del tema y coincidimos que pocos hogares estaban cubiertos de adornos navideños. ¿Cuál sería la causa?; sin duda algunos me responderán de forma casi instantánea: la crisis. Creo que el consumo de energía eléctrica no se ve afectado de forma significativa por el uso de serie navideñas de focos, otros quizá sean más ecologistas y me den teorías del calentamiento global y del ahorro de energía. Pero creo que la verdad es que cada día nos volvemos más apáticos a las celebraciones. Es posible que sea consecuencia de la crisis económica que se reflejo en un año con pocas ventas y muchos desaires financieros.
